Tú, que le muestras un cuchillo a sus diabluras y le sonríes a quien
sangra nimiedades. Y tú, que has conseguido trascender esa emergencia, y
que colmaste sus tinieblas de almas buenas. Tú más que nadie merecías
mi aspaviento. Tú, mas que nadie, damisela, de mi aliento. Te abraza mi
raza y se suma a la caza del rifle que empuña el descaro. Te aguanta
quien canta con triste garganta... y sostiene un puño apretado.
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