Y allí estábamos los dos, amándonos. Hasta que él se tuvo que ir, o eso quiso hacerme creer.
-Chau, me tengo que ir, no creo poder volver.
-Estas queriendo decir que no quieres volver.
-Yo nunca dije eso.
Se fue, me dejo, me abandono, pero volvió. Volvió al otro día, pero volvió... porque me extrañaba, lo sé, aunque no lo dijo.
Golpeó la puerta, me costo tanto despertarme que casi se va, pero se quedó y le abrí después de quince minutos de escuchar una y otra vez sonar el timbre. 'Hola' dijo con frialdad y temor. No le respondí, no tenía porque hacerlo. Luego de un rato de estar en silencio, sin mirarnos... se animo a que ciertas palabras salieran de su boca buscando el perdón. Se acerco, me abrazó y susurró casi sin voz 'Perdóname, te amo'. Lo miré, sabía que lo hacia apropósito, porque él bien sabe que sus palabras me derriten, más aun cuando las dice suavemente y en tono de arrepentimiento.
Y volvimos a querer estar juntos por un tiempo, no funcionó. Pero a eso ya estamos acostumbrados.
-Nunca funcionan nuestras cosas.
-Porque somos dos enfermos.
-Enfermos de amor.
-Eso seras vos, yo no. Soy normal, cuando quiero.
-Nunca quieres.
-¿ Insinúas algo?
-Estas loca, pero ¡te amo! y siempre va a hacer así esto, cuando nos vemos, nos amamos, después nos odiamos. Vos te quedas acá, yo me voy allá, y nos extrañamos.
-Porque somos dos enfermos.
-Eso ya lo dijiste.
-¿Y qué?
-Chau, te amo.
-Adiós, yo también.
-Vos también ¿qué?
-Adioooooooós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario